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septiembre 29, 2007

Magris

Todo escritor conoce bien, advierte fisicamente, la diferencia que existe entre lo que él escribe personalmente, para expresar su posición o un juicio sobre algo, y lo que dice hablando a través de sus personajes o sus pasajes, escuchando lo que le sugieren y lo que tal vez hasta ese momento ignoraba tener dentro de sí y esa es su libertad, su ángulo de trescientos sesenta grados abierto al mundo. En literatura no cuentan las respuestas dadas por un escritor, sino las preguntas que éste plantea y que son siempre más amplias que toda respuesta por exhaustiva que ésta pueda ser. También en la vida, por lo demás, las personas que cuentan para nosotros no son tanto las que comparten nuestras respuestas acerca de las últimas cosas, cuando las que se plantean nuestras mismas preguntas en torno a esas cosas.
La literatura tiene su férrea necesidad, pero ama el juego, la libertad de inventar la vida.
La literatura nos enseña a reirnos de lo que se respeta y a respetar aquello de lo que nos reímos.

¿Hay que expulsar a los poetas de la República? Claudio Magris

agosto 28, 2007

Cómo trepar al árbol de la vida

"¿Y qué se aprende escribiendo? Primero y principal, uno recuerda que está vivo y que eso es un privilegio, no un derecho. Una vez que nos han dado la vida, tenemos que ganárnosla. La vida nos favorece animándonos y pide recompensas.
Así que si el arte no nos salva, como desearíamos de las guerras, las privaciones, la envidia, la codicia, la vejez ni la muerte, puede en cambio revitalizarnos en medio de todo.
Segundo, escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es, por supuesto.
No escribir, para muchos de nosotros, es morir.
Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque más no sea un flojo combate. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acuérdense del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertía él; si no practicaba durante dos, lo advertían los críticos, y que al cabo de tres días se percataría la audiencia.
Hay en esto una variante válida para los escritores. No es que en unos pocos días se vaya a fundir el estilo, sea lo que fuere.
Pero el mundo le daría alcance a uno, e intentaría asquearlo. Si no escribiese todos los días, uno acumularía veneno y empezaría a morir, o desquiciarse, o las dos cosas.
Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya.
Porque escribir facilita las recetas adecuadas de verdad, vida y realidad, que permiten comer, beber y digerir sin hiperventilarse y caer en la cama como un pez muerto.
En mis viajes he aprendido que si dejo de escribir un solo día me pongo inquieto. Dos días y empiezo a temblar. Tres y hay sospechas de locura. Cuatro y bien podría ser un cerdo en un lodazal. Una hora de escritura es un tónico. De nuevo en pie, corro en círculos clamando por un par de polainas limpias."

Ray Bradbury. Zen en el arte de escribir.