Ha llovido como cortinas blancas. El agua nos llegaba a los tobillos fuera de casa y dentro de casa. Fuera de casa, en un segundo eras un gota de agua y el coche parecía un barco navegando por un río. Dentro de casa, la casa parecía un barco anclado en la tierra. Hoy ha salido el sol y ya no llueve aunque en los caminos -y en casa- quedan charcos enormes que recuerdan la tormenta. Las plantas respiran contentas y yo sigo pensando lo mismo que ayer: hay que tener cuidado con lo que se pide; se puede cumplir.
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octubre 14, 2007
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